Con su porte señorial, esbelto, mirada penetrante, gallardo bigote, barba apuntada. Piel blanca curtida por el sol. Cejas tupidas, labios toscos, rasgos varoniles de caballero rústico, arrugas, surcos en su cara, marcabansu travesía de jinete solitario,en su rucio caballo, acompañado de su imaginario sancho panza, y la sonrisa de su dulcinea. Su porte majestuoso de caballero medieval, su escudo y atavío, sus calzones sostenidos por breteles; su lanza, su espada; una mocha de desyerbar. Luchaba contra gigantes árboles donde enganchaba todo lo que encontraba a su paso, perdido en una interminable herejía, en una ciudad de esta isla caribeña.
Así se alojaba sobre la acera con un porte regio. Una estatua humana parecía Juanico, el loco manso del pueblo. En las esquinas, esperando que viniera el pueblo a rendirle tributo a su héroe descapotado. Camino al colegio lo encontraba, frente a la fortaleza militar, se estacionaba a veces debajo del asta de la bandera, rindiendo tributo a sus figuras y personajes literarios, de los cuales empapó su mente, sumergido en libros de batallas, héroes y valientes caballeros que dieron el todo por el todo por su libertad. Los cuales pelearon sus grandes batallas en su hurgada locura.
Una falda de cuadros, estilo escosés a veces vestía, sostenida por sus breteles, llenos de medallas, listones roídos, insignias militares avejentadas de guerras pasadas, un casco ajado, escarpines,tiestos,cartón, papeles de periódicos, cartones de leche, sogas, bacinillas, hierros, hojalatas oxidadas…Nada le sobraba nunca a Juanico, en su búsqueda de metales y utensilios,con los que suplía su tropa dearmaduras, espadas,indumentariasarmas…
Caminaba de un lado a otro en las avenidas de la ciudad, siempre con su mocha al costado, su imaginaria espada. Marcados sus pasos, sus manos cruzadas detrás de su espalda, a veces con la mirada perdida en el suelo, analizando su próxima estrategia militar. Los muchachos del pueblo solo lo miraban con respeto, no se detenían, cuando Juanico frenaba de repente y un soberbio discurso proclamaba a los cuatro vientos, sus conquistas, nombres de valientes que junto a el lucharon, las guerras que ganaron, todas remontadas a personajes y guerras históricas.
La demencia se apoderó de su ser, libros, historias, hechos y sucesos los cuales su mente no pudo distinguir en que mundo estaba presente, si en el ficticio de los libros o el de su solitaria realidad de caballero errante; en busca de nuevas aventuras, con su mocha al costado.
Ese es Juanico; el loco manso de mis recuerdos. Don Quijote de la Mocha.