La cabaña llena de hojas de tabaco.
Las preparaba pa’ los tubanos, los andullos, pa’ los cachimbos.
Al pie de la cordillera rodeado de un vasto monte tupido y sombrío.
Comenzaba mi faena tan temprano con el crepúsculo matutino.
Recogía las hojas de tabaco, las extendía y amarraba.
Con soga las guindaba.
Entresacaba las secas, las, verdes, las maduras.
Pasaba la mañana metido entre los canteros.
Sembrando y arrancando para que la cosecha no se me acabara.
Mi cigarro encendido que también me fumaba.
¡Esto no da alimento!
¡El humo es lo que entorpece!
Me pase los días fumando y sembrando
El humo que mataba.
Que llenaba los pulmones de porquerías los míos
Y a los que se lo vendí.
Terminé en una cama con cáncer en el pulmón
-“yo que creía que estaba apretado del pecho”
Yo que solo me levantaba a atender mis hojas
Creyendo que era un conuco.
No alimente a nadie con los frutos que produje.
Solo tabaco que como a mí y a muchos
Se les esfuma la vida con su humo.
Esmirna Rivas ©2005
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