Busquen hombres, llamen necesitamos ayuda.
Así llego corriendo nonono desesperado con la lengua en las rodillas, las piernas flojas,
Con ganas de reírse solo, pero se aguantaba, por no faltar el respeto a lo que había encontrado.
¿Qué paso? le preguntaron
Necesito sogas, machetes, ¡vámonos!
Caminando con apuro y con la risa todavía entre su alma.
¿Pero que pasa? Volvían y le preguntaban.
El no respondía, solo partía y los otros le alcanzaban;
Sin saber que iban a buscar.
¿Mira muchacho te has vuelto loco o te salio el demontre?
Nonono seguía apurado, sube y baja las barrancas, entre monte y camino
De repente llegaron
Al ver aquel árbol, estancado, puesto dónde germinó,
Con un adorno humano, lleno de miedo
Cercado y rodeado por su agresor.
Se quedaron perplejos los que lo acompañaban
Ante semejante hallazgo.
Sintieron la misma emoción de nonono, por respeto aguantaron la risa.
¡Que cara de miedo y poca valentía tenia este hombre, engarabitado!
Lo rodeo desde prima noche por andar de parrandero.
De repente todos vieron la realidad a quien se tenían que enfrentar
No al pobre hombre aturdido y resacado.
¡Un toro!
Fugitivo al que todos le temían.
Tirando lazos y acorralándolo, lograron manearlo.
El pobre hombre respiro.
“Me pase toda la noche subido en este bejuco,
Denme agua ¿Quién trajo el Jigüero?
Todos cansados ya no aguantaron,
Las carcajadas resonaban en las lomas, las cañadas, por este episodio.
“Por andar abuelo Juan en sus parrandas”.
Esmirna Rivas © 2005
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Esmirna Rivas
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