
En el campo florido recogía yo mis flores,
Mis chinolas, mis cajuiles, mis higos, mis mangos, mi trigo.
De repente sin esperar las golondrinas anunciaban su llegada.
¡Lluvia!
Gotas, lloviznas, aguacero; las aguas corrían en las cañadas,
Los arroyos, los ríos.
Los macos metidos en las cepas cantaban tanta agua.
Las vacas felices porque solo se bañaban cuando jarisneaba.
Las gallinas, las ciguitas, las rolitas se escondían.
Todo se mojaba, las hojas, los palos, los matorrales, los bosques.
Las piedras, las rocas, la tierra caliza, negra, fangosa.
Se formaban charcos, lagunas, donde los
Renacuajos y gusarapos se propagaban.
Se mojaban las semillas, los canteros.
Fuerte sonaban las gotas en mi techo de cana.
Yo esperando que escampara.
Sonaban los truenos, estremecían hasta las lomas.
Corría y corría el agua.
Parecía una sinfonía de tantos sonidos,
Las goteras, los caños, intermitentes y constantes.
De repente se esclarecía el cielo.
¡Escampó!
Todo renacía.
Los retoños y capullos.
La flora con todo su verdor y colorido.
Se respiraba aire nítido y refrescante.
Llegaban los rayos del sol a irradiar chispas
De vida dondequiera que se reflejaban.
Toda la naturaleza despierta, los pájaros cantando de alegría.
Las mariposas como flores con alas
Celebraban nueva vida.
“Agua por la mañana, sol de to’ el día”.
Como decía Abuela.
Esmirna Rivas © 2005
|