
“…Cuando Salí de cuba…”, “…en mi viejo san Juan…” “”…Méjico lindo y querido…” cuantas canciones me venían a la cabeza cruzando la frontera de Haití. Pensaba en ellas y el sentimiento me acogía como cada emigrante que un día dejaría su tierra y se llenaría el alma de nostalgia, hasta por lo más simple que a nadie le incumbiera de la tierra que lo vió nacer. Así me sentía yo a muchos kilómetros de la ciudad donde nací, y pocos minutos de otro país. Camino que recorrí en autobús de Santo Domingo a Santiago y luego a Dajabón. Preciosos campos, vecindarios y el Morro de Montecristi se divisaba a lo lejos, vegetación de desierto y tierra caliza en algunas partes. No vi ninguna diferencia en lo que cruzaba el puente de la frontera, llegamos a Juana Méndez (Ouanaminthe-Wanament) al primer pueblito haitiano que pasamos, la misma tierra de esos lados de la isla.
Amistades Haitianas nos esperaban del otro lado para transportarnos en su vehiculo al puesto de inmigración Haitiana. Me mataba la curiosidad de saber ¿que había en Haití? Sabia de dominicanos que iban a Haití a comprar ropa y perfumes para vender y otros que iban a donde brujos a hacerse trabajos que según ellos eran muy eficaces los que les hacían.
Llegué a un puesto policial donde verían mi pasaporte, edificio que parecía una fortaleza Dominicana y color naranja sus paredes. Yo con la curiosidad y el reguero de gente en la calle. No quería por ningún momento perderme de vista de mis acompañantes, solo me consolaba si alguien hablaba ingles o español porque del patua solo mala palabras me sabía.
Me sentía distraída por la gente que se movían de un lado a otro, vendedores ambulantes y personas del pueblo. Solo pensaba en mis amigos haitianos y los demás que conocía y de la historia que nos unía a los dos países, yo cristiana y con conocimiento de la hermandad y del amor al prójimo no me sentía atemorizada por la gente que sabia que eran creación de un solo Dios y que todos a pesar de las culturas éramos hermanos.
Continuaba nuestro recorrido en carretera para Cape Haitien (Cabo Haitiano) donde pasaría esos días. Me emocionaba ver las casitas y los campos similares a los dominicanos. Pasamos por un río en que estaban las mujeres lavando ropa, otra casita vi a una señora revoliando una gallina (cuando se matan las gallinas dándole vueltas al cocote para cocinarlas). Íbamos con música kompa en una emisora de radio local, yo observando todo el paisaje Haitiano. Malas noticias, nos paramos y nos quedamos sin gasolina, salió el chofer a buscar en un galón a un pueblito cercano después que le dieron una bola en otro vehiculo. Se pararon par de carros preguntando si necesitábamos ayuda. Hasta que puse a prueba mi inglés con unos gringos que llegaron. Cuando le dije a un señor: the driver went to get gasoline!
Llegamos en la tarde con más polvo que una burra en Neiba. Yo azorada de nuevo por el mercado que pasamos antes de llegar al hotel. Parecía el mercado de San Cristóbal, con el mismo bajo. Salimos a comer. Plátanos sancochados con pollo guisado más picante que no sabía por donde entrarle. Anduvimos en el pueblo buscando un centro de llamadas e informarle a mi familia que había llegado bien y que estaba con mis amigos, no logramos comunicarnos de nuevo de vuelta al hotel, no sabia que esperar de la noche por los apagones que había , quedamos en volver temprano y mis amigos se reían, - ¡cuidado donde pisas! Hasta que una plata de mierda se me pego en las zapatillas. Subimos a la azotea del Hotel y de ahí vi el mar. El mar atlántico que baña al norte la isla de Quisqueya. Los pescadores y las yolas que estaban en la orilla.
Calorcito que estaba haciendo, húmedo. Quedamos en descansar esa noche para el siguiente día salir y visitar a los familiares de pascual mi amigo. Pascual me decía: “di pelejil dominiqué pa’ devolverte pa’ Saint-domingue” claro como a los Haitianos les dicen di perejil y dicen pelejil, me quería hacer lo mismo el tonto. Risas y risotadas llenaron nuestra estancia en la azotea del hotel en un jolgorio donde los mosquitos husmeaban nuestras cabezas y otros nos picaban las canillas.
Antes que oscureciera y hubiera un apagón nos fuimos a nuestras habitaciones a bañarnos y acomodarnos para dormir. El Hotelito las paredes de las habitaciones se oían todas las conversaciones de los huéspedes de las habitaciones aledañas. Yo con mi bajo a macutico decidí bañarme, para no sentirme pegajosa en lo que el sueño me llegaba. Se oía el bullicio, gente hablando, hasta que todo fue mermando con la caída de la noche.
Unas lámparas de gas por si se iba la luz y yo con los fósforos en la mano por pendeja y no quedarme sola en la oscuridad. Mi amiga Tomasa compartía la habitación conmigo y comenzamos a hablar de las cosas similares que unían a nuestros pueblos y de la mente y el corazón abierto que si las personas de la humanidad tuvieran todos nos llevaríamos mejor en este planeta. Hablamos de temas bíblicos y otros que nos venían a la mente. El sueño nos venció. Casi caí rendida profundamente en Haití, donde el vudú y loszombis me intrigaban y asustaban. Y aun más con tantos cuentos que había escuchado. Unos tambores a lo lejos, me acordaba de mi abuelo, cuando en las noches de sus años mozos buscando parranda perseguía sus retumbes en las lomas (sinvergüenza).
Un doble de tambores, venían y se iban sus retumbos en mis oídos, ya no podía conciliar el sueño, por estar mirando películas de zombis (en blanco y negro) y más que no me gustaba dormir en la oscuridad. Más y más se iba apoderando de mí la rimbombancia, se escuchaban lejos distantes, se escuchaban cerca, más cerca, más cerca, hasta que pegué un grito al cielo y mi amiga saltó como loca a callarme yo gritando :“En el nombre de Jesucristo Jehová te reprenda, en el nombre de Jesucristo Jehová te reprenda”. ¡Que valiente era yo! tan creyente y con más temor que alguien que no supiera de la Biblia. De lagrimas se nos llenaron los ojos y risas en medio de la noche, nos y dormimos en la misma cama, las valientes amigas.
Amaneció; bullicio llenaba de nuevo el despertar del día, gallos, vehículos, gente voceando. Nuestro vecino del lado, agua viene y agua va (del lavadero) - ¿y ese olor? ¡Un perfume! ¿Tan temprano? Desayuno que no quería ni comer porque no sabía que tan picante iba a ser y con la revolteada que sufrió mi estomago solo tome café y un jugo.
De nuevo al puesto de llamadas para que las familias en Santo Domingo no se preocuparan, ya andaba con más cuidado viendo donde pisaba. Besos y abrazos por teléfono nos dieron todos al escuchar nuestras voces.
Ya cumplimos, a seguir nuestro recorrido en el pueblo. Jóvenes, donde seguiríamos nuestro recorrido a Puerto Plata en avioneta para regresar a la capital, antes que comenzaran las clases en la universidad. Primero a visitar la familia de Pascual y otras amistades más. En las casas de maderas semejantes a las Dominicanas. Mecedoras y piso de cemento. Aceras en algunas calles y otras casas con verjas, y las puertas rusticas y el colorido Haitiano.
Pa’l mercado decidimos bajar a comprar algún souvenir o artesanías de maderas preciosas talladas o alguna pintura naive que no hubiera visto en El Malecón, ya que nos íbamos por otro lado que Dajabón donde también se podían adquirir. Y unos cuantos perfumes y trapos que salían mas barato con el cambio de moneda. Yo no podía pagar lo mío por ser “dizque blanca” me cobraban más caro hasta el pasaje de las guaguas tap-tap, “yo que llevo mi negro detrás de la oreja”. (Cosa más parejera de un dominicano diciéndole Maldito negro a otro negro siendo el mismo negro) ¡Como que se les olvida que los africanos que llegaron a Quisqueya fueron los mismos de donde salieron sus genes también!
Frutos, víveres, granos, verduras, vegetales, carnes y diferentes comidas cocinadas en ese mercado de Cabo Haitiano. La vista se me asemejaba cuando iba al mercado de la Mella y allá me encontraba con algunos paisanos haitianos. Sonreír era lo único que podía hacer porque mis amigos eran los que hablaban yo era “muda”, en su lenguaje créole.
Se acercaba la hora de ir a la casa de Pascual y vernos con sus familiares. Allí nos esperaban en una casita de cemento y techo de zinc con unas sillas y mecedoras, plantas y árboles de los mismos de la fauna del otro lado de la frontera. Arroz habichuela y carne se me abrió el apetito de imaginarme lo que iba a comer. Abrazos y traducciones en la bienvenida. ¡Sí ese era el menú! arroz y alubias (Diri Wouj- plato nacional Haitiano) más bien era un moro empastado como le decimos los dominicanos picante pero rico, y otra vez pollo guisado picante también y unos Tostones (Banan Pezés) y ensalada. Ya no tenía opción de acostumbrarme al picante, y bajarlo con una cerveza o un chin de triculí ¡pa’ contentar los parásitos!
Traducciones, cuentos, mecedoras una pavita había que echar con lo caliente y húmedo que se estaba tornando el día cerca de la costa. En esa casita tan acogedora de los familiares de Pascual. El contento porque vinimos varios amigos de la universidad a visitar su casa en Haití. Su papá Simón, sastre y comerciante y su mamá Casilda profesora, con dos hermanitos más, el era el único en Santo Domingo, donde ellos humildemente le costeaban sus estudios universitarios. Ellos orgullosamente mostraban a su hijo como un ejemplo de lucha, de fuerza de voluntad, de que con ambición de tener una vida mejor se puede lograr. Me reflejaba en esa unidad familiar. Apreciaba más los sacrificios de mis padres, de mi educación, y la similitud que siempre ensambla a las familias unidas. El reflejo de una civilización veía en sus caras, de generaciones, de influencias iguales a las mías, la comida, las costumbres, la humildad y el luchar por la identidad, definidos por una frontera, de colonizaciones, de idiomas, de gastronomía con los mismas influjos alimenticios. Cultura bilateral, llena hasta hoy de tanta “ignorancia” la causante de tantas discriminaciones en la humanidad.
Pasamos la tarde allí, Pascual calentando su nido y recibiendo todas las bendiciones de familiares y amigos que venían a verlo en su regreso. De ahí salimos al supermercado, no quisimos correr el riesgo de que se nos revolteara el estomago, sabiendo que en la avioneta no había baño. Compramos digestivos y otras picaderas, pan, jamón y queso y unos cuantos jugos. A salir a buscar quien nos llevaría a Puerto Plata, nosotros por el can de salir por un lado y seguir por otro ¿No hay flete? No hay avioneta disponible por otro día más. Que íbamos a hacer esperar sino devolvernos por la frontera. –“Parece que nos enterraron un pie” (brujería de enterrar la medida de un pie en la raíz de un árbol) jugueteó Tomasa relajando a Pascual.
De nuevo volvimos al Hotel, se nos fue el día otra vez. Santa manía de lo mismo.
A dormir ya no me asusté esa noche de nuevo tuve que compartir la cama con Tomasa.
Amaneció de nuevo con la algarabía de la ciudad, y la gente de aquí para allá.
Llegó Pascual al Hotel – ¡Ya conseguí la avioneta! Partíamos en la tarde hacia Puerto Plata. Ya los ánimos de él tan emocionado que llegó se iban agotando, ya se sentía nostálgico sin haber zarpado de allí. Pasaríamos la noche en Puerto Plata y de ahí volaríamos a la capital.
Volvimos a la casa de Pascual, tiempo que quería aprovechar al máximo y no perder clases en ese semestre. Y más con el dinero que viajamos haciendo colecta y ahorros entre todos para costear el viaje, y acompañar a Pascual en nuestra curiosidad de visitar a Haití. Los muchachos ni caso nos hacían a mí y a Tomasa (las más pendejas del grupo).
La avioneta nos esperaba después de despedir a la familia de Pascual y haber almorzado con ellos nuevamente. Despedida, Pascual ya ni hablaba solo las lagrimas recorrían sus mejillas, en las que el sol se reflejaba como diamantes en su piel morena, de ese “morenazo” como le decíamos las muchachas. De nuevo la nostalgia se apoderaba de mí también, por los conocidos y los buenos momentos compartidos, y la noción y la curiosidad de que llénamos nuestras arganas mas allá de la frontera…
Esmirna Rivas ©2007
Tema relacionado: “Las Canas De Una Haitiana” 
“A través de la cultura es la única forma que los pueblos se unen y se olvidan las cicatrices históricas.”
"El Verdadero Precio del azúcar, documental realizado en Republica Dominicana por un Padre español que llego a redescubrir a América ..." según el ....
The Price Of Sugar http://www.thepriceofsugar.com/trailer.shtml
The Price Of Sugar I http://www.youtube.com/watch?v=NWkXPsa0OuI
The Price Of Sugar II http://www.youtube.com/watch?v=iGtFlTevBU0
Cocina haitiana alimentos centenarios
que reflejan una mezcla de culturas
Haitianos muy presentes en la vida productiva dominicana
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