 
Caminos cruzados entre camino real y travesías de hombres conquistadores de nuevas aventuras, que se trasladaban de un lugar a otro de la isla, cada uno buscando un mejor destino. Tierra, llena de esperanzas de gritos de libertad, así se formó mi genealogía Dominicana. Patriarcas que llegaron de otras latitudes, cruzaron el océano y se mezclaron con las aguas, el mar y el sol tropical que los abrazó y no salieron mas del archipiélago caribeño; donde sembrarían la semilla de mis genes y transformarían sus vidas en una nueva espiga de generaciones mezclada entre blancos, morenos, mestizos, criollos, de todos los colores de ¡donde salí yo!...
Establecidos entre el sur y el norte, cada región llena de riquezas naturales donde aplicarían sus conocimientos de culturas ancestrales mucho mas viejas que su preexistencia, seguían el mismo proceso humano de ser nómadas en busca de nuevas fortunas y oportunidades, anhelos de que algún día volverían a su tierra cargados con su buenaventura de vagabundos y cuentos de piratas cada uno con su botín.
Cultura verbal era lo que había, donde la palabra de un hombre era una garantía. No muchos tenían la oportunidad ni siquiera de aprender las letras y mucho menos escribir los sucesos del campo y las historias. Guardar para futura generaciones de donde venían. Vida campesina, cultura popular existente en un país lleno de disputas y gobiernos para llegar a ser una república. Madejas de algodón crudo, macario, musú pa’ estrujarse, trajes con que el pobre se vestía contraste entre trajes de linón, encajes, sombrillas y sombreros de mojigangas de gente apuesta adinerada con morocotas para repartir.
Extranjeros que se establecieron en el campo, echaron a andar las provincias junto a la gente común. El granero del pueblo donde uno sembraba el arroz, el maíz, el trigo y las habichuelas… otro los víveres, la yuca, los plátanos, la yautía y la batata…uno producía lo huevos, otro la leche y el queso, panaderos… Gente humilde cada uno ocupado en sus obligaciones donde fueron creando el proceso de establecimiento de localidades, intercambio entre el campo y la ciudad. Circundando el mercado con sus productos frescos, sus dulces, café, cacao y frutos del campo que llenaban la cornucopia dominicana de esperanzas.
Esmirna Rivas © 2007
comentarios; esmirna@dominicanflave.com
|