ESTAMPAS DOMINICANAS>
"Mercedita"


    -“La loquita” le decían a la pobre y descuidada Mercedita; con su carita tierna y su mirada de huraña siempre mirando para el suelo. Andaba con sus vestiditos de encajes rotos, sus zapatillas de Esmirna's Art - Dominicanflave.comgoma y dos troneras de mocos en las narices. El cabello rubio y la piel ceniza por el agua arcillosa del arroyo con que se bañaba. Sus canillitas llenas de ñañaras y postillas descascaradas. Vivía en un bohío cerca del caminito que la llevaba a otra localidad. Un camino que ella veía como un escape de su afligida realidad.

 

     Ni al colmado la mandaban. No iba a la escuela, que iba a aprender, las letras para que supiera lo que era bueno y lo que era malo, su familia nunca la quiso anotar en la escuela rural de aquel campito. A ninguno le agradaba la idea de que ella se juntara con más gente y se dieran cuenta de su apocamiento.

      Gente pobre ajada, algunos con fama de ladrones y otras de sinvergüenzas. Mercedita crecía en este mundito de su familia; se le iba el día en  ordeñar las vacas, achicar los becerros, barrer con una escobita de ramo, alimentar a los pollos, buscar leña pal fogón, lavando algunos trapitos en las piedras del arroyo, sacando agua del pozo pa’ los que se bañaban en la letrina. Y todo lo que se antojara cualquiera de la familia mandarle a hacer…

 

     Pobre Mercedita, nadie la entendía ni ella misma sabia lo que pasaba con su cuerpo cuando a los 10 años le llego la menstruación. Le decían que era hija de un hombre casado y tenia una recua de medios  hermanos, ella con su curiosidad envuelta en ese mundo atormentado en que vivía, quería saber quien era esa otra familia. Un día lavando en el arroyo, Mercedita le dijo a su mamá que se quería ir a vivir con su papá. La mamá asustada, no le contestó a la niña. No podía sacarla de su lado y que ella diera cuentas de lo que su mamá le había hecho. No por vergüenza sino para que no se la llevara presa el alcalde pedáneo de aquel campo. ¡Un estupro! tenía que esconder. Una botella preparada con hierbas y raíces le dieron para que el fruto de aquel acto no naciera.

 

      Pobre Mercedita envuelta en una familia podrida con sus propias patrañas. Ya tenía 12    años  cumplidos y seguía creciendo en ese mundo putrefacto, del cual ella quería escapar.

     Volvió otro día y le preguntó a su mamá que quería conocer a su papá y a sus otros hermanos. La mamá le dijo: –“ya los conoces”. Eran unos vecinos que vivían barranca abajo en el mismo paraje. Con razón ahora Mercedita entendía por que la Doña le voceaba: “lechuza”, a su mama cuando la veía. Ya conocía a sus hermanos a su otra familia, sobrinos y los que venían de vez en cuando a la ciudad a visitar los del campo. Ellos sabían de la existencia de Mercedita, siempre la saludaban si se la encontraban maroteando o en el arroyo.

 

     La ley de la vida seguía su curso ella se estaba convirtiendo en una mujer, que quería construir su propio destino. Un día encontró a su papá, el sinvergüenza que no le daba nunca nada. No le reclamó nada, que sabia ella de lo que estaba bien y de lo que estaba mal, solo le dijo que se la llevara a vivir con su familia. -¿pero como mi jija? - le contestó, con que responsabilidad de padre la iba a ayudar sino se preocupó nunca por ella.

     Otro día, Mercedita le dijo que quería irse a la ciudad, el papá, sabia de una de sus hijas que necesitaba una muchacha que la ayudara en la casa. Fue al bohío de la “Lechuza” (la mamá de Mercedita) a decirle que en el pueblo una de sus hijas que iba a parir necesitaba una muchacha pa’ que la ayudara con los oficios y el recién nacido. Acordaron que el se la llevaría por un tiempo y que después la traería de regreso. La mamá todavía no muy confiada por si Mercedita hablaba, le dijo que -“estaba bien pero que ella de vez en cuando la iba a visitar y a buscar el dinero de su paga”.

     Acordaron cuando se la llevaría. Mercedita se consumía su alegría por dentro, no querían que supiera lo contenta que estaba de salir de aquel ambiente monótono y  consumido por la falta de moral cuando veía a su mamá con hombres diferentes en el catre.

 

     Llegó el día. En un saco de arroz cargó con los dos o tres trapitos que tenia cuando su papá la fué a buscar. Veía el cielo abierto atravesando aquel caminito que la llevaba a otra realidad. Pasó uno de los vecinos del sitio en su caballo, con asombro de ver a Mercedita que se iba con este señor le preguntó: ¿por cuanto se la vendió la mamá? El papá de Mercedita sabia que la mamá de ella era una desvergonzada. Agarrando la vaqueta de su colín se sorprendió con la pregunta. – ¿a vei  de donde saca eso uté?  El hombre con las espuelas aceleró su caballo y siguió su marcha con una sonrisa burlona en su cara.

      Mercedita con la cabeza agachada solo mirando el camino siguió su partida, era muy bueno para ser real de que ella escaparía de su historia, con cada paso que daba se hacia más lejana. Ninguno de los dos intercambiaba palabras en el camino.

 

     Llegaron al pueblo después que les dieron una bola en el camino. Llegaron  a la casa de su hermana que había visto varias veces pero nunca dirigieron palabra. Su papá le dijo: -“bueno mi jija aquí la dejo”, después de comer y tomarse un cafecito agarró de nuevo su camino para el campo. Mercedita confundida no sabía ahora que hacer. Su hermana Milagros cariñosamente, la abrazaba le dijo: -“tu sabes que eres mi hermana, y estas aquí para ayudarme con los oficios de la casa y cuando para”. Mercedita no había visto una cara tan cerca y tan sonriente, se sintió descansada con esa confianza que irradiaba la cara de su hermana.

      Puso todo su empeño en hacer bien sus oficios, y aprender a leer y escribir en las tardes en una escuelita particular  que su hermana tenia en la casa .Ya era otra andaba limpiecita,  no tenia la mirada de huraña ni miraba la gente con vergüenza, iba al colmado tenia amiguitas en el barrio, era otra niña con la sonrisa en el alma llena de esperanzas, de alegría, hasta muñecas tenia.

 

      Pero su realidad era otra. Pasaron unos meses y su mamá volvió del campo por ella le reclamó a Milagros lo que le tenía que pagar a Mercedita por su trabajo de sirvienta o sino se la llevaba y no volvería más. Mercedita asustada volvió de nuevo a entruñir  la cara y mirar para el suelo. Milagro notó el cambio inmediato de Mercedita, se veía turbada y aterrorizada con la presencia de su mamá.  Le dijo: “que lo de Mercedita era de ella, y   es menor de edad y si voy a la policía me la va a tener que dar con todos y sus pesos”.

      Milagros no era mujer de problema sabiendo que “La Lechuza” como la conocían ella y sus hermanos era una mujer baja y sin escrúpulos, le dijo: -“está bien aquí está lo que ella se ha ganado en estos dos  meses, no le voy a descontar los vestiditos y útiles escolares que le he comprado, ni la comida que le he dado, pero cuando vuelva a mi y a ella nos trata con respeto que todos no somos iguales, ya estoy a punto de parir y ahora es cuando mas la necesito” – Conforme agarró la mamá de Mercedita su dinero y se fué de nuevo al campo.

 

     Nació una niña preciosa, Mercedita encariñada con ella, la cuidaba como si fuera una muñequita, Milagros siempre  se sorprendía con esa ternura que Mercedita tocaba y atendía a la niña y a veces las lagrimas se le salían. Mercedita ya era otra se sentía más confiada, con esa ternura que aprendió a sentir  por su sobrina, era de ella no había nadie quien pudiera despegarla de esa familia. Su nueva familia.

 

     Envuelta en sus arrullos en una mecedora Milagros, le dijo: -“La cuidas como si fuera tuya, que tranquila me siento que la quieras tanto como yo”. Mercedita con lagrimas en los ojos y un nudo en la garganta se sintió confiada de contarle su pena a su hermana dijo: -“si es mía, es como si aquel bebé que mi mamá me sacó con la botella que me bebí,  me estuviera reclamando que lo quisiera como a mi sobrina.”

 

     Milagros no podía creer que “La Lechuza” hubiera llegado a tanto, le preguntó  a Mercedita: -¿quien te lo hizo? -¿quien te abusó? Mercedita con lágrimas y llanto decía: -“fue uno de esos que visitan a mi mamá". Milagros quería salir corriendo y agarrar La Lechuza por el cocote y ahorcarla, no podía mas creer que una madre fuese capaz de abusar del cuerpo de su hija. 

     Mercedita asustada le decía: -“NO, no hagas nada, mi mamá me lleva con ella, y me mata, no quiero volver al campo, quiero quedarme contigo todo el tiempo, esta es mi familia contigo es que me siento segura”.

       Milagros averiguó en la policía, que se podía hacer en un caso así. Le dijeron que la mamá y el abusador irían presos. No con pruebas físicas del hecho que había pasado hacia un año atrás, decidió esperar a la mamá cuando volviera por Mercedita.

     Ese día llegó.  Milagros mandó a Mercedita al colmado con su sobrina. Como gallina sacá cuando le tocan uno de sus pollitos, comenzó a reclamarle a “la lechuza”  todo el daño físico y emocional que le hizo a su hija. La muy desvergonzada Lechuza, se quedó atónita de que Mercedita dijo lo que ella había hecho con ella, no consciente y asustada, le dijo: -“quédese con su mercedita, como quiera no es hija de su papá, ni siquiera se de quien es”. Salió y nunca más volvió a la casa de Milagros por Mercedita.

       Pasaron los años, Mercedita se convirtió en toda una mujer, educada, con una sonrisa en el alma, vivió con su hermana Milagros y sus sobrinos…“La tía más cariñosa para todos”. Mercedita.

 

Esmirna Rivas ©2007

comentarios: esmirna@dominicanflave.com                 



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